Todos recordamos el Chiqui Chiqui. Era original desde luego, aunque serio, lo que se dice serio, la verdad es que no. Este año parece que se avecina un nuevo proyecto de despropósito eurovisivo. Una tertuliana de “Sálvame”, azote de muchos famosos, intentará meterse durante un tiempo a cantante. Como probablemente ya sepan, hablo de Carmele Marchante. Parece que Telecinco ha decidido llevar la guerra con laSexta aún más allá de los juzgados, y ahora le copia para su propio beneficio ideas a su mortal cadena enemiga. Aún es pronto para saber si lo conseguirá, pero si así pasara, volvería sin lugar a dudas la polémica sobre lo adecuado o no de llevar representantes tan “particulares”. Lo que regresará seguro un año más, sea quien sea nuestro representante, es el debate sobre si el festival de la canción sigue teniendo sentido hoy en día. Los que opinan que no, argumentan, entre otras cosas, que el gusto musical no es ni mucho menos el principal factor que guía las puntuaciones de muchos países, cosa que objetivamente se puede decir que es cierta. Parece que el gobierno de Andorra piensa que el día que España no reciba 10 ó 12 puntos de ellos, la ministra de defensa enviará al ejército para invadir a nuestro pequeño vecino del norte, ya que la fidelidad de Andorra no puede explicarse desde luego por motivos musicales. Afortunadamente nada de esto pasará, pues es seguro que este año nos volverán a dar una puntuación alta, e incluso en el caso de que no lo hicieran, nuestro ejército tiene mejores cosas a las que dedicarse.Un hombre que precisamente conoce bien el ejército, porque también fue ministro de defensa, comanda ahora la Radio Televisión Española. Alberto Oliart hizo en su primera alocución ante los diputados una nítida declaración de principios, exigiendo desde el primer minuto más dinero para meter a Televisión Española en la era de la alta definición, y es que según dicen los expertos, tal y como están planteadas las cuentas ahora mismo, para que hubiera dinero para todo no bastaría con hacer “contabilidad creativa” como se suele decir, eso sería ya arte y ensayo económico contemporáneo.
Pero en esa comparecencia de Alberto Oliart ante una comisión de parlamentarios pasaron más cosas. La más impactante, por lo inesperado de la situación, fue la declaración de José Bono, presidente del Congreso, cuando dijo que siente “vergüenza” cuando viaja al extranjero y ve el Canal Internacional de Televisión Española. A continuación añadió que dicho canal es “manifiestamente mejorable”. Habría que puntualizar aquí varias cosas, a saber:
1. Evidentemente no se le puede reprochar a Alberto Oliart que el Canal Internacional de RTVE sea ni bueno ni malo, ya que aún ni siquiera ha tomado posesión oficial de su cargo. De hecho, por ese mismo motivo no se le puede aún reprochar nada de lo bueno ni de lo malo de nuestra televisión pública.
2. En todo caso, parece lógico que lo que tendría que haber hecho Bono o cualquier otro parlamentario es recomendar al nuevo director que mejorase en la medida de lo posible ese canal, siempre en tono constructivo y evitando la descalificación a la entidad.
3. Para mejorar algo normalmente hace falta dinero, y más en televisión, y con la nueva financiación parece que habrá menos dinero, por lo que de nuevo tendremos que recurrir al malabarismo contable para llevar a cabo realmente esa mejora.
Así que es normal que muchos directivos de RTVE se hayan molestado por estas declaraciones. Aunque su nombramiento ha sido polémico, creo conveniente dar a Alberto Oliart al menos unos cuantos meses para que empiece a trabajar, antes de condenarlo definitivamente a morir en la hoguera.


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